viernes, 29 de noviembre de 2013

Decálogo Navideño

navidadSi tienes tristeza, ¡Alégrate! La Navidad es GOZO

Si tienes enemigos, ¡Reconcíliate! La Navidad es PAZ

Si tienes amigos, ¡Búscalos! La Navidad es ENCUENTRO

Si tienes pobres a tu lado, ¡Ayúdalos! La Navidad es DON

Si tienes orgullosa soberbia, ¡Sepúltala! La Navidad es HUMILDAD

Si tienes deudas, ¡Págalas! La Navidad es JUSTICIA

Si tienes maldad y pecado, ¡Arrepiéntete y cambia! La Navidad es CONVERSIÓN Y GRACIA

Si tienes tinieblas, ¡Enciende tu farol! La Navidad es LUZ

Si tienes errores, ¡Reflexiona! La Navidad es VERDAD

Si tienes resentimientos, ¡Olvídalos! La Navidad es AMOR

Receta para Cena de Fin de Año

navidadINGREDIENTES:

FAMILIA (es aquí donde todo comienza)
AMIGOS (nunca deben faltar)
RABIA (si existe que sea POCA)
PACIENCIA (la mayor cantidad posible)
LAGRIMAS (secarlas todas)
SONRISAS (las más variadas)
PAZ (en gran cantidad)
PERDÓN (muchísimo y de diversas maneras)
ENEMIGOS (de ser posible, ninguno)
ESPERANZA (no perderla jamás)
CORAZÓN (mientras más grande, mejor!)
AMOR (puede abusar)
CARIÑO (importante!!!)
SUEÑOS E ILUSIONES (todos los que tengas)
AGRADECIMIENTO (por nada del mundo podría faltar)
DIOS (es la esencia de la receta)


MODO DE PREPARAR:
navidad
Reúne a tu familia y tus amigos.
Olvídate de los momentos de rabia y desesperación pasados.
Si necesitas, usa toda tu paciencia.
Seca las lágrimas y sustitúyelas por sonrisas.
Junta la paz y el perdón y ofrécelo a tus enemigos.
Deja que la esperanza crezca en tu corazón.
Agregar a la mezcla anterior, todo el amor y el agradecimiento que tengas y
muchísimas ganas y cariño.
Poco a poco ve incorporándole a la receta, tus sueños y tus ilusiones.
Y colocándolo al calor de tus esperanzas, encomienda todo a Dios.

velas carona navidadRECORDAR:

No siempre los ingredientes de la vida son gustosos, por lo tanto hay que
saber mezclarlos como se van ofreciendo y presentando, y hacer con todo un
plato de buen sabor. …Y no se olviden de tener cerca todos los días esta
receta. Aunque algunos ingredientes en estos tiempos parecen difíciles de
conseguir podemos obtenerlos con un poco de esfuerzo y si mezclamos bien
nuestro plato será único e inolvidable.

Entonces:

¡Manos a la obra!

Puedes empezar hoy y recordar siempre este día ya que es posible renacer y hacer de nuestra vida una vida diferente…

No depende de otros…

No depende de lo que tengas o de lo que te falta…

Solamente depende de ti y de tu amor por la Familia

Les deseo...

De todo corazón les deseo una muy Feliz Navidad
navidad

Mis deseos...

Que en estas navidades, la paz y la alegría estén presentes en sus hogares!!!

Son mis deseos sinceros!!!
navidad

Tarjetas animadas

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10 Secretos de la Navidad para una sociedad posmoderna

Navidad es inagotable. Después de dos mil años, sigue ilusionando a los niños, inspirando a los artistas, arrobando a los místicos y movilizando al mundo entero. Basta recorrer las principales avenidas y comercios del orbe a partir de noviembre para sentir la fuerza del fenómeno. Y esto en una cultura que es llamada ya por muchos “post-moderna”; es decir, que dejó atrás la modernidad y se ha vuelto “ultramoderna”, sobre todo por su dominio técnico y científico, su estructuración geopolítica y social y su configuración global.

En esta nueva edad de la humanidad, contrasta cada vez más la celebración de la Navidad con la tradición de la Navidad. Las tradiciones, en general, están muy devaluadas. Se ha difundido la idea de que son algo que se hace sólo por costumbre, inercia o imposición social o religiosa. Muy al contrario, las tradiciones son como las mejores prácticas de la humanidad, amasadas en forma de costumbre o recurrencia, precisamente para que no se pierdan. Las tradiciones tienen un núcleo interior, un sentido profundo que inspira y da significado a la celebración exterior.

La celebración de la Navidad, sin embargo, está siendo cada vez más superficial y material. Y a medida que se va imponiendo un modelo pagano y comercial de celebrarla, se va perdiendo su riqueza profunda y su encanto. Hacen falta nuevos puentes entre tradición y postmodernidad. Sin duda, hay muchos elementos que depurar en ciertas tradiciones. Pero es preciso redescubrir el valor de las sanas tradiciones, si no queremos perder irresponsablemente riquezas atesoradas por la humanidad a lo largo de siglos y milenios.

La Navidad es la tradición por excelencia. Aunque inmediatamente hay que aclarar que la Navidad es mucho más que una tradición. Es un acontecimiento. Un evento histórico o, mejor,“metahistórico”, en el sentido de que rebasa, desborda y envuelve la historia misma, iluminándola y dándole su pleno significado. Por eso, la Navidad jamás será obsoleta. Y por eso también hoy tiene tanto que decirle a nuestra cultura postmoderna. Las siguientes reflexiones son sólo un botón de muestra.

1. El secreto del burro y el buey: la calma

La nuestra es una sociedad apresurada. No tenemos tiempo para nada. Parecemos “malabaristas” de la existencia: sentimos la presión de mantener muchos roles y responsabilidades en el aire y la limitación de contar sólo con “dos manos”.
Y se nos nota: la prisa nos apremia; y también nos maltrata. Más allá de los estragos del stress, tan bien documentados, a veces cometemos errores muy básicos por no dedicarle a cada cosa su tiempo. No hace mucho, al bajar del coche, por la prisa, cerré la puerta sin estar “completamente fuera”. ¿El resultado? Un dedo “machucado” y algunas estrellas.

El burro y el buey, siempre presentes en los nacimientos, tienen un secreto que ofrecernos: la calma. La tradición de colocar estos dos animales junto al pesebre del Niño Jesús no es ornamental. Tiene fundamento bíblico: “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo”, escribe el profeta Isaías (1, 3).

Recuerdo el gesto sereno y apacible del burro y del buey del nacimiento que poníamos en casa. Dos modelos humanos difícilmente hubieran podido expresar tanta calma. El burro y el buey simplemente “están”. No se mueven. No caminan. No se marchan. No tienen ninguna prisa.

La calma supone saber estar donde se debe estar en cada momento. Claro, supone también una buena organización personal y claridad de prioridades. Si quieres calma –parecen decirnos estos animales– dale prioridad a Dios. Ellos reconocieron en el Niño Jesús a su “dueño y amo”. En otras palabras, no tenían otro lugar mejor donde estar en ese momento. Si Dios fuera siempre nuestra prioridad, y le dedicáramos tiempo a la oración, al trato con Él, seguramente tendríamos más calma. No por tener menos cosas que hacer, sino por hacer las que realmente importan. Por lo demás, el tiempo no existe ni importa cuando estamos con aquellos que amamos.

“Ustedes tienen el reloj; nosotros tenemos el tiempo”, decía un viejo beduino del desierto a un turista. Aprendamos del burro y el buey a no dejarnos presionar tanto por las manecillas. Y menos cuando estemos en oración. Nunca como entonces se puede saborear la serena alegría de estar junto a Dios en plena calma.

2. El secreto de José: la providencia

Nuestra sociedad se ha vuelto demasiado racional. El concepto viene del latín “reor, ratum”, que significa calcular. En otras palabras, hemos aprendido a ser calculadores. Ponderamos demasiado ciertas decisiones que podrían ser más diligentes y valientes si no miráramos tanto su precio en sacrificio o generosidad. En el fondo, además de mezquindad, el ser calculadores supone poca confianza en Dios. Lo prevemos y lo programamos todo para no poner en riesgo nuestra comodidad o conveniencia.

También José habrá hecho sus cálculos y previsiones. “Será Hijo del Altísimo”, le dijo María. Y Él concluyó en su imaginación: “Nacerá en un palacio, con los mejores médicos. Viviremos con él en Jerusalén, la capital. Nos darán como casa el Templo de Salomón. Y vendrán reyes y reinas de todas partes a visitarnos. Ya no tendré que trabajar de carpintero”.

Pero, ¡qué realidad tan distinta! Un inesperado censo en Belén, el nacimiento en una cueva y la huida a Egipto dieron al traste con sus ilusiones. Y después el regreso a Nazaret y una larga estancia ahí, sin pena ni gloria, para terminar muriendo carpintero. La Navidad es una profunda lección sobre la providencia de Dios, que lleva muchas veces nuestra vida muy al margen de nuestros cálculos y previsiones.

Confiar en la providencia es la actitud más realista. Nadie tiene el control total de su destino personal, matrimonial, familiar, profesional, etc. No lo tuvo José; menos lo tendremos nosotros. Y es mejor que así sea. La apertura a la providencia divina nos ubica en nuestra realidad de creaturas de un Dios que ve y actúa más allá de las circunstancias prósperas y adversas, llevando siempre las cosas en el modo que más nos conviene. Fue el caso de José; y puede ser también el nuestro si aprendemos, como él, a confiar en la Providencia.

3. El secreto de los ángeles: la espiritualidad

Nuestra sociedad se ha vuelto cada vez más física. No en el sentido científico, sino corporal. Está obsesionada por el fitness, por la “buena forma”. Los gimnasios están cerca de llegar a ser el negocio del siglo. Ahora bien, cultivar el cuerpo no tiene nada de malo. El cuerpo es una dimensión esencial de nuestro ser. Como dijo el filósofo Gabriel Marcel, propiamente no tenemos un cuerpo; somos nuestro cuerpo.
Posee, por tanto, una altísima dignidad, y merece todo cuidado y atención. Cada uno es responsable del cuerpo que Dios le dio a modo de talento para dar fruto en esta vida. Baste pensar que todos nuestros actos, los ordinarios y los sublimes, entran en escena a través de nuestra corporeidad; incluso el pensar y el amar.

Pero una cosa es cultivar el cuerpo y otra muy diferente es dar culto al cuerpo. El cuerpo nunca ha de ser idolatrado. Porque nadie debe idolatrarse a sí mismo. Hoy cabría hablar de un cierto narcisismo corporal. Narcisismo condenado de raíz, como en el caso de la fábula, a una profunda frustración. El tiempo pasa y deja su indeleble huella de desgaste y debilitamiento sobre el cuerpo, por más que uno se afane en conservarlo intacto. Ninguna cirugía, ningún procedimiento, ninguna técnica –por mucho avance que haya en la materia– es capaz de evitar el envejecimiento. Y quienes van más allá de lo razonable en este campo, en lugar de envejecer con naturalidad –que es la manera “bella” de envejecer– envejecen como monstruos.

Contra esta tendencia “idolátrica” del cuerpo, los ángeles de la Navidad nos revelan su secreto: el de la espiritualidad. Ellos, que son espíritus puros, nos enseñan a valorar y a gozar la vida espiritual. A buscar no sólo una buena “condición física”; también espiritual. Después de todo, el espíritu nunca envejece. “Cada uno tiene la edad de su corazón”, solía repetir el beato Juan Pablo II. Y tal vez por eso, a pesar de los achaques de su vejez corporal, mantuvo siempre un espíritu joven. Basta ver con qué facilidad conectaba con los jóvenes en las Jornadas Mundiales que él mismo protagonizaba.

A veces podemos sentir que la vida espiritual es aburrida, monótona. El canto de los ángeles en Navidad nos recuerda que la vida espiritual es siempre bella, emocionante minuto a minuto, cualquiera que sea la condición del cuerpo. No está mal cultivar la buena forma, cuidar la salud del cuerpo. Pero también –y con mayor razón- hay que cultivar el alma. Después de todo, como dice una antigua frase latina, “los rasgos del alma siempre serán más bellos que los del cuerpo”.

4. El secreto de María: el silencio

Dos necesidades básicas nos definen: hablar y ser escuchados. Con el añadido hoy de la tecnología –celulares, redes sociales, blogs, chateo, etc.– la ecuación queda así: tendencia natural a hablar + tecnología = sociedad hiperparlante. Supongo que más de alguno habrá ya querido gritar desde algún punto del planeta: “¡Basta; cállense todos!”.

María tiene un secreto para nuestra ruidosa sociedad: su silencio. Ella, la gran coprotagonista de la Navidad; la que tendría tanto que decir, tanto que contar, guarda silencio, medita. Según la narración evangélica del nacimiento de Jesús, en esos momentos María no dijo una sola palabra. Su silencio fue el mejor modo de acompañar el acontecimiento más grande de la historia. Ningún sonido, ninguna melodía hubiera estado a la altura del momento. Por eso, bien se ha dicho, nada es más solemne que el silencio.

Ahora bien, el silencio de María no fue estéril ni superficial. Fue el espacio fecundo para reflexionar, profundizar y contemplar: “María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lc. 2, 19). Ella entendió por anticipado lo que un psiquiatra español diría siglos más tarde: en ciertas ocasiones “la palabra es plata y el silencio es oro”.

El silencio tiene capas. Hay un silencio “exterior”. Importantísimo. Consiste en saber “apagar” los estímulos sensoriales. Cuánto bien nos haría a todos tener al menos 30 minutos de este silencio al día. No siempre es posible. Pero habría que saber encontrar algún remanso así a lo largo del día. Los silencios más profundos son los de la memoria, para evitar malos recuerdos y purificar el pasado; los de la imaginación, para no anticipar desgracias; los de la susceptibilidad, para no “atar demasiados cabos” y sentirnos víctimas de todo mundo, etc., etc. Adquirir la disciplina del silencio no es fácil, pero el fruto bien vale la pena. El silencio es, en cualquier caso, un guardián del alma.

5. El secreto del pueblo judío: la esperanza

Nuestra sociedad tiende al pesimismo. No sin razón. Basta hojear cualquier periódico paralamentar lo mal que están las cosas. Y así, a fuerza de tragedias y decepciones, han bajado mucho nuestras reservas de optimismo.

En el fondo, hemos perdido esperanza. Y tal vez por eso nos hemos vuelto más superficiales. La superficialidad es la enfermedad de los que no esperan nada. De los que viven en un mundo sin profundidad, sin relieve, sin montañas que conquistar ni misterios que penetrar. J.P. Sartre escribió: “La vida es una derrota, nadie sale victorioso, todo el mundo resulta vencido; todo ha ocurrido para mal siempre y la mayor locura del mundo es la esperanza”. Pues precisamente, esa locura del mundo, la esperanza, fue por siglos el gran secreto del mundo antes de Cristo; el que lo puso en una sana tensión, en una espera de Dios que no fue defraudada.

Cuando esperamos algo nos polarizamos, nos cargamos de ilusión. La esperanza mete un centro de gravedad en nuestra vida, y así nos saca de la superficialidad. La espera de Cristo ha sido la más grande que el mundo ha tenido y tiene, pues ahora esperamos su segunda venida. La Navidad nos lo recuerda cada año. S. Grygiel definió la esperanza como la memoria del futuro. Conviene recordar siempre que lo mejor está por venir; que Cristo está por venir. Es el núcleo del mensaje del Adviento litúrgico.

El optimismo cristiano no es una vana ilusión; es una educación del alma. El optimista es quien ha sabido educar su mirada para descubrir lo positivo que se asoma a su alrededor. Y si la crónica del mundo no camina por donde quisiéramos, no es más que una invitación a mirar más alto. Después de todo, como diría Lacordaire, la adversidad descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir.

6. El secreto de las estrellas: la humildad

El glamur, según el Diccionario de la Real Academia Española, es un “encanto sensual que fascina”. En nuestra sociedad equivale a una preocupación excesiva por la buena apariencia, por el look más llamativo. En un sentido más amplio, el glamur está presente en casi todos los sectores. Hay un glamur de los negocios, del deporte, del espectáculo, de la vida social. En todos los casos, el objetivo es brillar, impresionar, ser el centro de atención.

A esta sociedad glamurosa, las estrellas de la noche de Navidad tienen un secreto que ofrecerle: el de la humildad. Las estrellas sólo brillan en la oscuridad. Cada una brilla con su tamaño y su fulgor propio, sin complejos ni tontas comparaciones. Las estrellas brillan siempre, independientemente de si las miramos o no. Las mira Dios, y eso les basta. “No eres más porque te alaben, ni eres menos porque te desprecien; lo que eres a los ojos de Dios, eso eres”, escribía Tomás de Kempis en el siglo XV.

Aquella noche de Navidad, las estrellas debieron brillar maravillosas, sin envidia de la gran estrella posada sobre la cueva de Belén. Cada una brilló lo mejor que pudo, sin sentirse menos. De haberla mirado con envidia, se habrían opacado. Porque la envidia es la polilla del talento (Campoamor). Ellas, en cambio, por su humildad preservaron su talento. Y por eso hoy, sobre una sociedad ávida de reflectores, de relumbrón y de flashazos, ellas siguen siendo, sin pretenderlo, las verdaderas estrellas.

7. El secreto del pesebre: la pobreza

Una nota novedosa de nuestra sociedad postmoderna es la ambición. Sin duda, ciertas ambiciones son legítimas. El problema es la ambición que se torna insaciable. El gran secreto del pesebre fue la pobreza espiritual, el desprendimiento interior.

Siempre he tratado de imaginar la historia del pesebre; una historia que, sin duda, fue de más a menos. Empezó siendo un tambo limpísimo, idóneo para almacenar agua, aceite o vino. Más tarde fue contenedor de combustible o de lejía. Después lo destaparon para llenarlo de grano trigo, garbanzo o maíz. Un poco más rodado y abollado, se convirtió en tambo de basura. Muchos golpes después, picado y maltratado, cuando ya no servía para otra cosa, lo pasaron por la sierra y, partido por la mitad, dejó de ser tambo y empezó a ser pesebre, en el que colocaron paja para vacas y bueyes.

Quizá nunca imaginó, rodando por la pendiente de la humillación, que llegaría a ser el primer sagrario de la historia, después de María. El pesebre nos recuerda que muchas veces se es más feliz y afortunado siendo menos que más; que el camino de la ambición no lleva a ninguna parte; y que las predilecciones de Dios tienen muy poco que ver con nuestros méritos.

8. El secreto de los Reyes Magos: la docilidad

Nuestra sociedad presume, con razón, de independencia. Pero una mal entendida libertad puede llegar a ser una falsa autonomía, que raya en la ilusión, en la pérdida de referentes morales y de criterios rectos y claros. Ciertas corrientes de pensamiento han postulado un falso humanismo, que consiste en borrar a Dios del horizonte para que el hombre pueda ser plenamente hombre. Su tesis, en resumen, podría enunciarse así: “Si Dios es, el hombre no puede ser“.

Esta postura, sin embargo, constituye un verdadero drama, que inspiró el título de un libro del teólogo Henri de Lubac: El drama del humanismo ateo. Años más tarde, el Concilio Vaticano II resumía admirablemente su esencia: “La criatura sin el Creador desaparece… Más aún, por el olvido de Dios la propia criatura queda oscurecida” (Gaudium et spes, 36).

En otras palabras, cuando el hombre deja de tener por referente a Dios, se extravía en un laberinto sin salida. Es aquí donde los Reyes Magos tienen un secreto maravilloso que ofrecernos: el de la docilidad a Dios. Ellos se dejaron guiar. Fueron verdaderamente sabios al no fiarse de sí mismos, de su autonomía; al buscar fuera de sí mismos, en el cielo, la verdadera razón de su vida y el camino a seguir. Cierto, el camino fue largo y muchas veces oscuro. Pero en premio a su docilidad, encontraron al mismísimo Dios, que se hizo carne para ser hallado.

Su docilidad es una lección de sensibilidad a los auténticos valores y a las inspiraciones de lo alto. Dios nos manda señales; nos sugiere, nos invita, nos muestra estrellas que seguir. El corazón rebelde se ciega y endurece; se enferma de lo que la Biblia llama “esclerocardía” –dureza de corazón–. En cambio, el corazón sensible tiene ojos; y el dócil, pies. Así puede descubrir las “señales de arriba” y seguirlas con paciencia, sabiendo que tarde o temprano le llevarán al mejor de los hallazgos: Dios mismo.

9. El secreto de los pastores: la fe

A nuestra sociedad cada día le cuesta más creer. Es cierto, muchas certezas se han derrumbado; muchas confianzas han sido defraudadas, sobre todo en los últimos años. Por eso, más de alguno me ha dicho: “Ya no sé en qué creer”.

El secreto de los pastores fue su fe. Una fe sencilla, pero viva, operante y alegre. Ellos eran, muy probablemente, hombres sin educación, sin formación, sin grandes lecturas. Pero aquella noche de Navidad fueron los hombres más iluminados de la historia. Dice el Evangelio: “Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Angel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz” (Lc. 2, 8 – 9). Eso es la fe: una luz envolvente, que todo lo ilumina: no sólo la noche, también la vida; no sólo el entorno, también el corazón.

La suya fue una fe sin cuestionamientos. Inmediatamente, sin mayor deliberación, los pastores se levantaron y se pusieron en camino. “Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado” (Lc. 2, 15).

La fe no es sólo “creer” con la mente. Es un dinamismo interior que nos pone “en movimiento”. La fe cambia la vida. Nunca es estática. Porque nuestro corazón tampoco lo es; siempre busca un horizonte ilimitado. Las solas expectativas de esta vida le quedan chicas; y sus motivaciones, también.

La fe de los pastores, por lo demás, tampoco contradijo su razón. Sólo la iluminó. La llevó mucho más lejos. La abrió a una revelación que venía de lo alto. Porque, en definitiva, la fe es más una respuesta que una búsqueda. Los pastores no buscaron a Dios; sólo se dejaron encontrar por Él.

La fe desemboca en un gran sentido de lo esencial. Aquella noche, los pastores descubrieron que ya nada importaba, que sólo una cosa era necesaria: estar junto al Recién Nacido. Quien posee el sentido de lo esencial capta lo importante, busca lo único necesario, y así simplifica muchísimo su vida. Fue lo que años después diría Cristo a Marta: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada” (Lc. 10, 41–42).

10. El secreto de la noche de Navidad: la paz

Se diría que éste último secreto de la Navidad es la síntesis de todos los anteriores: la paz. San Agustín la definió como la “tranquilidad del orden”. Según los historiadores, durante la noche de Navidad cesaron las guerras, se hermanaron los pueblos, se reunieron las familias, y parece que todo el cosmos se puso en paz. El Martirologio romano subraya este hecho cuando dice que Cristo nació “mientras reinaba la paz en toda la Tierra”.

La paz es un resultado. Algo que encontramos al final del esfuerzo. Quien renuncia a la prisa, confía en la Providencia, se ejercita en la espiritualidad, vive el silencio, madura su esperanza, forja su humildad y pobreza, su docilidad y su fe, seguramente hallará paz.

Parecen demasiados pasos. En realidad, el camino no es tan largo. Porque todos estos esfuerzos son vasos comunicantes. Quien trabaja en un aspecto, termina por crecer también en los demás. No hay hombre que ore sin ejercitar su fe, su abandono en Dios, su pobreza y humildad. Por eso, más que ver una lista de tareas, tomemos al menos un secreto de la Navidad y empecemos a vivirlo con empeño e interés. Cualquiera de ellos tiene toda la virtualidad para cambiarnos la vida y mejorarla notablemente.

Y no olvidemos que el verdadero centro de la Navidad es Jesús mismo. Él es el Príncipe de la Paz, como lo llama la Iglesia. En Él y sólo en Él encontraremos la paz. En Él posemos nuestra mirada, confiada y segura. Quizá el “mundo feliz” que algunos han profetizado no es tan utópico como pareciera. Porque en realidad no se necesita quién sabe qué nivel de desarrollo científico y técnico para clonar a la gente y diseñar una perfecta ingeniería social. Si queremos una sociedad postmoderna “feliz” –hasta donde es posible en esta vida–, sólo hay que redescubrir algunos secretos esenciales, poner a Cristo al centro de cada familia y dejarlo reinar.

Después de todo, Dios sigue siendo el Señor de la vida y de la historia, aunque no lo parezca. Su victoria sobre el mal –en cualquiera de sus formas– es ya una realidad. Y, si lo acogemos, su victoria será también nuestra. O para decirlo de forma más poética, con un himno de la Liturgia de las Horas, “derrotados la muerte y el pecado, es de Dios toda historia y su final; esperad con confianza su venida; no temáis, con vosotros él está. Volverán encrespadas tempestades para hundir vuestra fe y vuestra verdad, es más fuerte que el mal y que su embate el poder del Señor, que os salvará”.


adorno navidad

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Budín centroeuropeo


INGREDIENTES

Harina 500 g
Sal 1 pizca
Levadura en polvo 1 sobre
Leche tibia 125 g
Azúcar 150 g
Manteca pomada 150 g
Huevos 7
Crema de leche 125 g
Pasas rubias y negras 100 g
Ralladura de limón c/n
Nueces 100 g
Ron 60 cc
Almendras fileteadas c/n

PROCEDIMIENTO

Colocar la harina tamizada con una pizca de sal en un bol y hacer un hueco en el centro.
Desmenuzar la levadura y mezclar con la leche y un poco de azúcar y de harina. Dejar fermentar.
Batir la manteca con el resto del azúcar. Incorporar los huevos y la crema de leche. Añadir las pasas y la ralladura de limón.
Meclar todo, añadir las nueces y el ron y formar la masa. Distribuir en un molde para gugelhupf enmantecado y espolvoreado con almendras fileteadas. Dejar levar.
Hornear a 180°C durante 45 minutos. Desmoldar y servir espolvoreado con azúcar impalpable o un glasé a gusto.

Pastel de navidad





INGREDIENTES

Huevos 2
Azúcar 100 g
Azúcar rubia 100 g
Harina 240 g
Jengibre en polvo 1/2 cdita
Canela en polvo 1/2 cdita
5 especias 1/2 cdita
Clavo de olor en polvo 1/2 cdita
Polvo para Hornear 5 g
Bicarbonato 5 g
Sal 8 g
Frutas secas y deshidratadas 400 g
Manzanas ralladas 250 g
Sidra 250 cc

PROCEDIMIENTO


  • 9450_pastel_de_navidad_paso_01.jpgBatir los huevos con el azúcar hasta espumar. Incorporar el azúcar rubio.1
  • 9450_pastel_de_navidad_paso_02.jpgMezclar todos los ingredientes secos: harina, especias, polvo de hornear, bicarbonato y sal. Reservar.2
  • 9450_pastel_de_navidad_paso_03.jpgIncorporar al batido las frutas secas y deshidratadas picadas.3
  • 9450_pastel_de_navidad_paso_04.jpgIncorporar la manzana rallada.4
  • 9450_pastel_de_navidad_paso_05.jpgAgregar la sidra y los ingredientes secos reservados. Unir bien sin que queden grumos.5
  • 9450_pastel_de_navidad_paso_06.jpgVaciar la mezcla sobre un molde de rosca previamente engrasado y enharinado. Hornear a 160°C durante 40 minutos. Enfriar y desmoldar. Espero te salga bien rica!!!6

Pan dulce

INGREDIENTES
Ingrediente principal: Frutas secasFrutas maceradas

Higos glaseados 50 g
Cerezas en almíbar 50 g
Pasas de uva 100 g
Vermut 1 vasoFermento previo

Levadura fresca 85 g
Leche 100 cc
Azúcar 1 cdita
Harina 0000 100 gAmasijo

Harina 0000 1 k
Sal 17 g
Azúcar 220 g
Huevos 4
Ralladura de limón 1 cdita
Esencia de pan dulce 2 cditas
Esencia de vainilla 2 cdas
Extracto de malta 1 cdita
Manteca 200 g
Leche o agua c/nFrutas

Almendras 100 g
Avellanas 100 g
Nueces 100 g
Castañas de cajú 100 g
Fruta abrillantada 100 g

PROCEDIMIENTO

Al realizar preparaciones de panificados, se deben tener en cuenta ciertos tips que ayudan a obtener un producto de mayor calidad. Al seguirlos debidamente el resultado será el adecuado.



1_ Colocar en un bol los higos, las cerezas y las pasas. Verter el vermouth, cubrir con papel adherente y dejar macerar durante dos o tres días en la heladera.1

2_Para realizar el fermento previo, incorporar en un bol lalevadura desgranada, la leche tibia, el azúcar y los 100 g de harina. Mezclar, cubrir con papel adherente y dejar espumar de 10 a 15 minutos a temperatura ambiente.2

3_ Para el amasijo, colocar en un bol la harina 0000 junto con la sal y el azúcar. Realizar un hueco en el centro y colocar los huevos. Perfumar con la ralladura de limón, la esencia de pan dulce, la esencia de vainilla y el extracto de malta. Mezclar los ingredientes del centro.3

4_ Agregar el fermento y la manteca a punto pomada, mezclar para unir.4

5_ Agregar leche tibia y continuar amasando hasta lograr una masa homogénea. Realizar un bollo y dejar descansar a temperatura ambiente y cubierto con un lienzo.5

6_ Al duplicar su volumen. Colocar la masa sobre la mesada espolvoreada con harina y desgasificar.6

7_ Colocar las frutas secas junto con las frutas maceradas escurridas e integrar en la masa. Cortar la masa en varios trozos y volver a unir para evitar romper el gluten.7

8_ Colocar la masa dentro de un molde para pan dulce untado con manteca. Llenar hasta las ¾ parte y dejar leudar hasta que duplique su volumen.8

9_ Pintar con huevo la superficie y realizar un corte en forma de cruz.9

10_ Cocinar en horno a 160° C durante 2 horas.10

- Cuanto mayor sea el tamaño de pan, menor deberá ser la temperatura de cocción y mayor su tiempo dentro del horno.



lunes, 18 de noviembre de 2013

CENTROS DE MESA NAVIDEÑOS CON ESFERAS

centros de mesa navidad
La mesa de Navidad es una de las cosas que más nos cuesta preparar a la hora de la cena de Noche Buena, pero aquí te dejamos una idea que puedes aplicar para ayudarte a embellecerla y que puedas esperar a todos tus invitados con una linda decoración, se trata de unos centros de mesa hechos con esferas navideñas.
Materiales necesarios:
  • Esferas de Navidad
  • Macetas, vasos o frascos
  • Pistola de pegamento
  • Esferas de unicel
  • Varitas o palitos
  • Cinta decorativa
  • Masilla de modelar
Paso a paso:
1. Quita todos los ganchitos de alambre de las esferas de Navidad.
2. Ve pegando las esferas sobre la esfera de unicel usando suficiente pegamento de la pistola de pegamento caliente. Tienes que esperar un poco entre esfera y esfera para que no se desprendan.
3. Deja un lugar para colocar el palito en algún sitio de la esfera de unicel.
4. Forra el palito que conseguiste con cinta de decorar y en uno de los extremos haz un lindo moño.
5. Coloca masilla de modelar dentro de los vasos o recipientes que conseguiste y presionala con los dedos para que quede bien en el fondo.
6. Antes de que la masilla esté seca, inserta en ella el palito que usarás para sostener la esfera de unicel
7. Por último, coloca la esfera decorada en el palito usando pegamento o insertando el palito en la esfera.
Así de fácil habremos creado un hermoso centro de mesa.
¿Te gustó la manualidad?

MANUALIDADES DE NAVIDAD – MUÑECOS DE NIEVE

Uno de los iconos más representativos de la temporada de la Navidad, son los muñecos de nieve y sin importar que en nuestra región no caiga nieve para las fiestas de fin de año, a todos nos encanta poder decorar nuestro hogar con estos simpáticos personajes. Para que veas lo simple que es poder crear un par de éstos, te mostraremos como hacer muñecos de nieve en casa, con dos macetitas.
manualidades faciles para navidad
Los materiales que usaremos serán:
  • 2 macetas pequeñas
  • Pintura para acrílico
  • Algunos elementos para decorar; cintas, pompones, alambre, etc.
  • Marcador negro
  • Marcador naranja
Paso a paso:
1º – Limpia muy bien las macetas lavándolas con agua y déjalas secar al aire libre.
2º – Una vez que estén bien secas, píntalas con pintura blanca y vuelve a dejarlas secar.
3º – Cuando la pintura esté completamente seca, dibuja con marcador negro una cara sobre cada maceta. Hazlas lo más simpáticas posibles, de ese modo darán una mejor impresión.
4º – En este punto, la imaginación es lo que cuenta. Valiéndote de los materiales que hayas conseguido para decorar, crea gorritos, bufandas, orejeras, gorros, anteojos o lo que se te ocurra, con el fin de personalizar aún más estos muñecos de nieve.
5º – Lo último que resta hacer luego de haberlos terminado, es simplemente buscarles un buen lugar en la casa para colocarlos y que todo el mundo pueda verlos.
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TOPIARIO NAVIDEÑO

Existen muchas manualidades que le darán un toque original a tu casa pero ninguno tanto como untopiario personalizado como este. Aunque generalmente los topiarios se realizaban con arbustos y eran un elemento de decoración de jardinería, en los últimos años se comenzó a realizar de muchos otros materiales convirtiéndolos en un lindo arreglo para decorar en interior de los hogares, en este caso adaptamos el topiario a la época festiva para hacer esta divertida manualidad navideña. A continuación aprende a hacer un topiario paso a paso.
Topiarios de Navidad
Materiales necesarios:
  • Bolas navideñas
  • Esferas de goma espuma
  • Vara de madera de 45 cm aprox
  • Maceta
  • Pinturas acrilicas
  • Arcilla
  • Algodon
  • Pistola de silicona
Paso a paso:
Toma la maceta y pintala de rojo en su parte inferior. Con negro haz un pequeño cinturón en medio y con un pincel fino y acrílico plateado haz la hebilla.
Por ultimo pinta la parte superior con acrílico blanco y déjalo secar.
Toma la vara de madera y coloca en el extremo la pelota de goma espuma.
Quitales los colgantes a las bolas navideñas, y colocales la silicona para ir pegándolas a la bola de goma espuma.
manualidades navideñas 2012

Con la pistola de silicona ve pegando de a una las bolas navideñas, intercalando colores y tamaños.
manualidades de navidad
Una vez que este completamente cubierta, toma la arcilla y colocala en la base de la maceta formando una pequeña montaña en la que colocaras el extremo de la vara.
Termina colocando algodón en la maceta para darle una presentación mejor.
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MACETA CON ESTILO NAVIDEÑO

Hoy les mostramos una linda forma de decorar el jardín en Navidad y las plantas que tengamos en casa. Si tienes plantas y un jardín debes saber lo difícil que es hacer la decoración de éstas, así que te damos una idea fantástica para decorarlas para estas fiestas: colocarles adornos en tonos dorados y rojos.
manualidades navideñas
Materiales:
  • Esferas navideñas rojas y doradas
  • Alambre
  • Esponja de floreria
  • Ramas de pino
  • Maceta
Paso a paso:
Coloca dentro de la maceta una esponja de florería, recorta las puntas si es necesario para que entre en tu maceta. Humedécela bien.
Coloca de a poco las ramas de pino dejando algunas ramas caer por los costados como si formaras una corona.
Coloca otra capa de hojas mas por en cima para darle mas volumen.
Toma las bolas navideñas y unelas de a dos o tres según el tamaño con el alambre, dejando un extremo del alambre mas largo para clavarlo luego a la esponja.
Con los extremos del alambre ve insertando las bolas en medio de la esponja entre las hojas, formando el centro.
Manualidades de navidad
Para tapar algunos agujeros que hayan quedado entre las esferas navideñas  puedes colocar algunas hojas.
De esta forma tan simple y original, puedes darle a tu jardín un toque navideño sin mucho esfuerzo.
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COMO HACER MUÑECOS NAVIDEÑOS PARA NIÑOS

Manualidades de Navidad
Fomentar la creatividad de los niños no es nada difícil, ayudarlos a hacer lindas manualidadesdonde puedan crear personajes de formas y tamaños que quieran es una buena idea, que además nos facilita el trabajo.
Las manualidades para niños deben ser llamativas para interesarlos a que los elaboren con nosotros, y estos divertidos muñequitos con los personajes mas característicos de la navidad lo son.
Materiales:
  • Tubos de cartón
  • Fieltro
  • Esferas de madera  N°4
  • Fibra negra y roja
  • Acrílico blanco
  • Chenilla marrón y blanca
  • Pegamento
Paso a paso:
Corta el fieltro del largo de los tubos de cartón y del ancho suficiente como para envolverlos.
Coloca un poco de pegamento en los extremos y envuelve el tubo en el fieltro. Este debe ser de color rojo para Papá Noel, de verde para los duendes y de blanco para hacer el muñeco de nieve, también puedes hacerlo marrón para formar un reno. Este sera la base con la que luego haremos cada uno de los muñecos.
Ahora vamos a realizar los diseños según el personaje:
Para el duende:
Corta una pequeña tira de fieltro blanco para hacer el cinturón del duende, a este colócale una hebilla pequeña de fieltro negro. Pega ambos a la base.
Corta un rectángulo de fieltro color turquesa para hacer la capa de duende o también puedes hacerla de verde oscuro. Antes de pegarlo corta la parte inferior de forma redondeada.
Para terminar la base haz una cinta de fieltro con bordes triangulares, pega en la parte superior.
Para hacer la cabeza, pinta con la fibra negra el rostro y con una fibra roja haz los cachetes, forma con fieltro un pequeño sombrero y pegalo a la cabeza, termina colocando unas pequeñas orejas de fieltro beige. Pega la cabeza al cuerpo.
Para hacer a papa noel:
Forma un rectángulo de fieltro rojo,  que no supere la mitad de la altura de la base, pega en la parte inferior una tira de fieltro blanco y en la parte superior una misma tira pero redondeada.
Pegalo a la base y termina colocando en medio un cinto de fieltro negro. Por encima pega un botón negro.
Para la cabeza: pinta solo los ojos y el resto sera un bigote de fieltro, termina haciendo una barba con un poco de chenilla blanca. Decóralo haciendo un sombrero rojo y blanco. Pega todo a la base.
Para el hombre de hielo navideño:
Este es uno del los mas fáciles, pinta la esfera de madera de blanco y luego que este seca dibuja el rostro y pega a la base. Coloca una pequeña bufanda echa con una cinta de fieltro turquesa y pega pequeños círculos como si fueran botones. Haz un agujero chico con la punta de una tijera a los lados y coloca chenilla marrón formando las manos. Termina decorando con un sombrero de fieltro negro.
Para el reno:
Forma con la chenilla marrón los cuernos del reno, y pégalos detrás de la esfera de madera, en la parte de enfrente dibujaras el rostro. Con fieltro blanco y beige haz los detalles. Pega la cabeza al resto del cuerpo y para terminar coloca un pequeño ovalo en el centro del cuerpo del reno.
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